Vemos más de lo que creemos ver, y sabemos mucho más de lo que creemos (y mucho menos de lo que realmente deberiamos saber).
Así la noche empezo con un reflejo en un espejo, con una seguridad y un recuerdo. Y ahí estaba, parado al borde la pista, cerveza en una mano, cigarrillo en la otra. Hablando con alguien sin tener la más minima de por que.
"No que yo sepa. Pero creo que conocés a una amiga mía". Dijo con una sonrisa.
Pegué una pitada grande y despacio. Me tomé mi tiempo en mirarla a la cara, la ropa, tratar de ubicarla o ver donde la podia haber cruzado.
Tenía una cara redondita, y los ojos cristalinos de alcohol, todavía brillaban con inocencia. No debía tener más de 17 o 18 años, y por más que intenté pensar donde, estaba seguro de no haberla visto nunca antes en toda mi vida.
Me acerque a su oido y casi gritando para que me escuche por encima del ruido de la musica y la gente, le pregunte quien era su amiga que yo conocía.
"J." me dijo
Me quedé parado un segundo, pensando, conocía a 2 personas con ese nombre, ninguna de ellas demasiado bien, y ninguna de ellas la relacionaba en mi mente con esta carita sonriente e infantil que me miraba atenta a mis reacciones.
"Perdoname, pero creo que o me confundiste, o yo estoy confundido". le digo y hago mi mejor cara de no saber de que me estaba hablando.
"No estoy confundida, claro, por ahí no sabes como se llama. La conociste en el munich".
De repente de entre la gente, viene una chica a los tumbos, totalmente borracha y directo a nosotros, se para enfrente nuestro. me mira, se tambalea, me mira de nuevo, se acerca y gira hacia la otra chica.
"Heeeyyyy.... ¡¡¡es el chico del munich!!!" dice a los gritos y con una hermosa y chillona voz de borracha.
Cada vez entiendo menos, ¿ahora soy famoso? ¿Que pasó en el Munich que sea tan importante?...
Trato de pensar, pero solo puedo pensar en una noche, en una chica. Mi mente se sitúa de nuevo en esa pista, en esa noche, pienso quien tenía cerca, donde estaban, trato de poner a estas 2 en la escena pero estoy casi seguro que no estaban. Cada vez entiendo menos, y seguramente en algún punto mi cara lo evidencia.
La chica con la que estaba charlando se presenta como P., y me dice que el nombre de la pequeña borracha es G.
Charlamos un rato más esa noche. J. Nunca apareció, pero cuando terminé mi noche y mientras volvía a casa con ahora no solo un rostro sino un nombre, mientras volvia a casa, mi reflejo me devolvio la mirada del otro lado de una vidriera.
Estaba sonriendo.
jueves, 27 de agosto de 2015
End of the beginning
sábado, 22 de agosto de 2015
November rain
Hay algo raro con olvidarse de las cosas que nos importan. Es como si realmente fuese imposible hacerlo totalmente, te distraes, pensas en otra cosa, vivis tu vida sin acordarte ni remotamente de eso que te olvidaste, y sin aviso, alguna cosa, en muchos casos sin relación con lo que olvidaste, te recuerda que te olvidaste de algo.
Lo interesante de salir en un lugar como Tres Arroyos, es que no hay tantas opciones, vas acá, o vas allá. Pero en algún punto, siempre te terminas cruzando con la misma gente, no necesariamente en los mismos lugares, pero casi.
Era la epoca de las luces negras, todo en la noche eran verdes fluo y rosas, luces negras en cada barra y boliches oscuros. Y ahí estoy, 2 meses despues, medio borracho en la pista mirando a la gente bailar.
El boliche era un rectangulo gigante, entre a los tumbos, tenía algún amigo en la puerta, algún amigo en la barra. Así que entro, y voy hacia la izquierda, la barra estaba cerca de la puerta, contra la pared izquierda. Me pido una cerveza, todavía te daban los porrones en esa epoca, lo que te permitia pedir cerveza, tomarla despacio, y tomarla fria. Mientras charlo con Gabriel (el barman), de repente veo algo en el espejo, una cara reflejada, ahí atras, que se ilumina de a ratos con alguna luz de la pista.
Y entonces veo esa cara, que no es la cara que vi, y de repente todo me pega como una oleada. El alcohol, la noche, mi borrachera, y los recuerdos.
Salgo caminando, tratando de ver las caras en los lugares oscuros, paso por la cabina del disc jockey, elevada sobre la mitad del boliche, subo a hacerme el que saludo y miro para abajo, miro la pista, las gradas, miro los pasillos y no veo nada.
Estoy seguro que ella está en el boliche, algo adentro mio me dice que la busque, que aproveche, que no me distraiga. Saco el atado de Marlboro del bolsillo y prendo uno. Doy una pitada y pienso. Miro de nuevo lo que ya recorrí. No hay tanta gente esta noche, estoy seguro que no le pasé por al lado ni la perdí. Miro lo que me falta y sigo caminando.
En el fondo del boliche hay unas gradas de cemento muy poco iluminadas. Un par de personas sentadas y algunas parejitas a los besos que aprovechan la penumbra. Me fumo el cigarrillo mientras murió despacio, busco si ella está ahí, no la veo y sigo caminando hacia la derecha. Llego a la mitad de la pared derecha y freno. Tiro el cigarrillo y miro la pista al centro del boliche, un par de caras conocidas, ninguna es la que busco. Sigo caminando hacia el final del boliche, estoy de nuevo en la entrada y no la vi.
Podría dar otra vuelta, puede ser que nos hayamos cruzado, o sencillamente no la vi. Pero una sensación de derrota me invade. Me acerco a la barra de este lado y pido otra cerveza. Apuro los primeros tragos y me tomo la mitad al instante. Saco otro cigarrillo y lo prendo.
Esa niebla empieza a tragarse de nuevo su cara y suspiro.
Entonces, veo lo que vi temprano sin saberlo, no es ella pero es la persona que vi en el espejo. Me acerco y pienso que decir. Al final, lo único que me sale de mi boca es pedirle perdón por molestarla y preguntarle si la conozco de algún lado.
Me mira y sonríe.
No que yo sepa, pero creo que conoces a una amiga mía dice.
Interlude
Del bar me fui al cyber, medio borracho a charlar con El Ruso, se me rió. Principalmente cuando le dije que no sabía el nombre de la chica, pero era el amor de mi vida.
Y claro, despertarse al otro día, y ver la realidad sin alcohol, acordarte que por el alcohol podes asegurar poco, y tener una cara grabada en la memoria que de a ratos es tan clara y de a ratos se difumina.
Me desperté, sonriente y contento, sin memoria pero con convicción, pasó una semana, llego el viernes de nuevo, y salí. Di vueltas, fui a un lado, al otro, busque, fui y volví. Me pareció ver caras conocidas acá y allá, pero no tenía ninguna seguridad, y sabia, que si era ella, iba a estar seguro. Pasó un fin de semana, después otro, y creo que otro y otro.
Y uno es chico, y el tiempo pasa, y la memoria ya no es tan clara entre fin de semana y fin de semana y vaso de birra y vaso de birra.
Y me olvidé.
martes, 10 de julio de 2012
I Still Haven't Found What I'm Looking For (II)
Desde donde estaba parado, tenia hacia mi derecha, apenas a unos 50 cms. la cabina del DJ. Hacia mi izquierda un largo pasillo de unos 2 metros de ancho que se extendía entre la barra y una pared espejada que poseía una pequeña barra de madera y algunas butacas. Enfrente de esto y a mis espaldas, estaba la barra central del lugar. Si miraba hacia el frente, tenía ante mi un rectángulo de unos 3 metros de ancho por 4 metros de largo que servia de improvisada pista. En el lado izquierdo de la misma, había 2 puertas que se correspondían con los baños de mujeres y hombres respectivamente. Sobre el final, la barra donde hasta hace un rato estaba acodado charlando con Esteban.
Habían unas 50 personas en esa pista, no demasiadas ni demasiado pocas. Pero, para la extensión de la misma, era un mar de gente. La iluminación era mala, el humo del cigarrillo flotaba constantemente en el aire generando una suerte de niebla en el aire y, ya cercanas las 5 AM, mi nivel de alcohol en sangre estaba un poco mas elevado de lo permitido para manejar.
Desde mi punto de vista, veía envases de cerveza y gente, distante, en medio de una niebla, pero mi cabeza algo había visto en medio de todo eso, así que me tome el trabajo de pararme un segundo y empezar a mirar.
Las botellas y vasos vacíos que la gente dejaba en el borde de la cabina se borraron, el pasillo, lleno de gente, empezó a volverse difuso. Al fondo, Esteban en la barra charlando con un amigo. Dejo de existir, Laura sobre mi derecha. No está más. Ese grupo de tres morochas, una medio gordita de pantalón blanco desaparecen dejando un espacio vacío en la pista a través del cual veo las maderas del piso. El humo empieza de a poco a correrse, como un velo. Ahí en el medio de la pista, pasando apenitas el grupo de hombres bailando que lentamente desaparecen está ella.
Zapatillas de lona, un Jean, remera blanca musculosa apretada al cuerpo, la piel oscura, el pelo negro lacio y una sonrisa hermosa. Esta rodeada por sus amigas. Cigarrillo en mano esta charlando con alguien y riéndose de algo que nunca ninguno de los presentes supo que era. Las amigas desaparecen, el lugar donde estoy desaparece, ya no escucho la voz ronca del DJ hablando boludeces mientras pone un tema zombie detrás de otro. El mundo se vuelve blanco alrededor mío, deja de existir por completo, lo único que veo es a ella de pie ahí, riéndose.
Me acerco, la agarro de la mano. Sus amigas me miran, ella me mira. Dudo un segundo y ya sé que tengo que decir, la verdad.
La miro a los ojos y le digo que seguro se lo dijeron mil veces, pero ella es realmente la mujer mas hermosa que vi en mi vida. Sonrío, una sonrisa de oreja a oreja. Estoy feliz.
Me mira y me dice "Si, me lo dijeron. Pero es la primera vez que realmente lo creo".
Me agarra la mano y nos quedamos parados como dos estatuas. Ninguno de los dos dice una palabra durante los siguientes diez minutos. Se prenden las luces del Pub, las amigas la agarran del brazo y se la llevan.
De repente estoy parado solo en medio de la pista de un Pub, alrededor mío el aire esta lleno de humo. El DJ habla con su voz ronca despidiéndose, las luces están prendidas y la gente cansada. Sobre la barra Esteban sigue charlando y tomando cerveza, veo que hay un porrón sin empezar esperándome. Salgo caminando y de repente me doy cuenta que nunca le pregunte el nombre. Sonrío, no tiene importancia. Acabo de conocer a la mujer de mi vida, el nombre no es importante.
I Still Haven't Found What I'm Looking For (I)
Creo que hay varias maneras de crecer. Algunas son obvias y evidentes, otras son más sutiles, menos obvias, pero no por ello menos importantes. Hay momentos en tu vida que realmente te marcan y mientras los vivis, una vocecita en tu cabeza te dice "este momento, este momento es importante, mantenete alerta, presta atención a todo, no te pierdas nada por que esto es importante, algo va a pasar que no podes perderte. ¡Abrí los ojos!".
Habiamos salido con quienes hoy en día son mis ex-cuñados. Esteban, quien en ese momento estaba en pareja con Amanda y Laurita, que era novia de Ariel. Dimos unas vueltas en la combi, tomamos un par de birras y despues de cansarnos de charlar boludeces y ver las mismas caras, nos fuimos derecho al Munich.
El Munich estaba medio vacio, creo que era una noche de miercoles, o posiblemente un jueves (en Tres Arroyos se sale miercoles, viernes y sabados, no me pregunten por que logica extraña). La noche no pintaba demasiado buena, y yo la verdad sin demasiadas ganas de nada no hice mas que irme a la barra del fondo y tomar una cerveza tras otra con mi cuñado mientras el lugar se iba llenando de a poco. Laurita si mal no recuerdo se encontro con alguna de sus amigas y se fue a charlar con ella.
Debian ser las 4:30 a.m cuando decidi ir al baño por enesima vez en la noche, poca idea tenia en ese momento que esa ida al año iba a cambiar mi vida tan drasticamente, pero me estoy adelantando a la historia.
Hacia ya un tiempo de mi ultimo intento de irme a vivir a otra ciudad, atras habia quedado Mar del Plata con la Señorita X. Me habia vuelto de La Plata hacia poco tiempo, y mi cabeza era más un mar de dudas sobre el futuro y sobre mi mismo. En el medio de todo eso, el amor parecia no tener lugar o no tener importancia. No estaba solo, es muy raro en mi vida que tenga momentos de soledad, pero tampoco estaba realmente acompañado, y mas que el polvo ocasional, no habia absolutamente ninguna mujer en mi vida que realmente me importase más que el par de horas de diversion que podiamos llegar a compartir. Eso sinceramente no me molestaba, creo que en el fondo yo todavia seguia perdidamente enamorado de la Señorita X (creo que en estos ultimos 10 años esa fue la unica constante de mi vida). Esto hacia que mi interes por las mujeres no sea mas que superficial, mi corazon estaba tomado y sin importar cuan fuerte tratasen o cuanto lo deseemos los dos, no habia lugar para dos personas ahi adentro. Claro, esto fue así hasta que...
Salí del baño y me fui caminando derecho para la barra donde estabamos, el espacio que separaba la puerta del baño de la barra serian unos 4 metros, y para llegar de uno al otro, habia que atravesar todo lo que servia de improvisada pista de baile en el pub. Cuando ya habia recorrido practicamente toda la distancia y me disponia a volver a mi lugar en la barra a terminar la noche como la habia empezado, una vocecita habló adentro de mi cabeza.
"No Camilo, no y no. No te vuelvas a la barra. ¡Pegá media vuelta que te acabas de perder algo que si lo dejas pasar, te vas a arrepentir toda tu vida!"
Y eso hice, pegue media vuelta, me fui al otro lado de la pista y empece a mirar. El gordo Masioli pasaba la misma musica de mierda y hablaba boludeces, yo miraba alrededor mio, y de repente, una chica se corrio, y ahi, por el medio de la pista, donde habia pasado hace 10 segundos la vi.
Me acerque, la mire a los ojos y le dije "Yo sé que te lo deben haber dicho muchas veces, pero sos la mujer mas hermosa que vi en mi vida!".
miércoles, 2 de febrero de 2011
Paint It Black (II)
Una de estas fuerzas creo que es la confianza. Suena endeble y casi irrelevante la palabra en si misma, pero si miramos un poco detrás de esto, podemos encontrar que realmente el mundo se rige por la confianza, que es necesaria para su funcionamiento y que eventualmente sentimientos o situaciones que creemos desconectadas o totalmente alejadas de ella son resultantes de la confianza (o la ausencia de ella).
Si confiamos en nosotros eso nos da seguridad, si confiamos en los otros, nos provee de un entorno en el que apoyarnos (y no nos olvidemos que a pesar del facebook y las computadoras y los celulares y la vida conectada y deshumanizada, hoy más que nunca, el hombre ES un animal social). Confiar demasiado en los otros nos puede lastimar, no hacerlo suficiente también. Confiar en la bondad del mundo nos permite reafirmar nuestro lugar en este, nos quita los miedos, nos brinda una razón para seguir adelante sin importar las situaciones que afrontemos o que tan gris parezca que es todo. A veces esa confianza (o la ausencia de la misma) nos pone en situaciones difíciles, pero es esa misma confianza la que hace que sigamos adelante (por que "confiamos" que todo va a salir bien).
Me arriesgo a decir que con lo de Tomás me encontré en la que puede haber sido una de las decisiones mas difíciles de mi vida. Es difícil confiar en el mundo cuando uno es adolescente, y muchísimo más hacerlo si encima de todo eso, tu primo se vuela la cabeza en el patio de su casa. Pero es en esas situaciones cuando creo que realmente se ve la grandeza (y las bajezas) humanas, la situación por bizarra y trágica que haya sido, en vez de debilitar mi confianza en el mundo, la fortaleció. Y cuando yo estuve seguro del mundo, estuve seguro de mi mismo y de mi lugar en el mundo. Por primera vez en mi vida deje de "adolecer" para empezar a sufrir, a alegrarme, a teñir las experiencias ya no de grises sino de blancos, negros, amarillos, rojos y azules.
Cuando digo que dos angelitos se apoyaron en mis hombros, hablo casi literalmente. Fue uno de esos momentos que definen el carácter, que definen nuestras vidas. Una vocecita me decía que confié, que todo iba a estar bien, que no precisaba ni de eso ni de ninguna otra cosa para poder hacer mi vida, que las cosas iban a estar bien sin importar que pasara. Otra, sencillamente me preguntaba si yo estaba tan seguro que las cosas eran así, si realmente la vida era tan linda y fácil, si podía decir con toda seguridad que las cosas iban a estar bien. Era yo mismo del otro lado del espejo, era un reflejo donde todas las cosas estaban del otro lado, pero como en todo espejo, no es más que un reflejo de la realidad, invertido, deformado en algunos casos, pero no deja de ser la realidad.
Esos 5 segundos fueron un año, en esa decisión aprendí más de mí, de mis fortalezas y de mis debilidades de lo que me hubiese gustado saber.
Mi respuesta finalmente fue un "no gracias". Rotundo, seco... terminante. Salí de su casa puteando mi suerte y me fui a trabajar con más ganas de dormir que de vivir y el día, incidente más, incidente menos, estuvo BIEN.
lunes, 3 de enero de 2011
Paint It Black (I)
Hay también unos pocos, aquellos que recordamos con profunda tristeza, pero que no queremos olvidar. Son esos pequeños pedazos, realmente oscuros en nuestra vida, pero que tienen en el recuerdo una pequeña belleza. Recordarlos deprime, hacen que cada vez que pensás en ellos, vuelva esa sensación fea. Pero que marcan un antes y un después, son momentos de una tristeza de tal magnitud que nos marcan para saber que nunca más queremos volver a sentirla...
Para cuando nos dijimos adiós con Merlina, yo ya había dejado la carrera en la facultad y mi tiempo se dividía entre un par de trabajos, boludeo en casa y muchas muchas salidas. Mi vida era triste y oscura, y yo, poco a poco, me estaba empezando a volver de esa misma manera. Aislado del mundo, fumaba sin parar y apenas comía, me pasaba las horas enfrente de la computadora y cuando menos relaciones tenia que tener con gente "real", mejor para mi. Los pocos amigos que tenia los había alejado y con quien no me había peleado, los esquivaba sistemáticamente.
Ese primer año, ni siquiera quería ir a Tres Arroyos a ver a mi familia. Estaba atrapado en mi propia vida, cayendo cada vez mas profundo y sin la mas mínima intención de pelear por cambiarlo.
Cuando una amiga leyó el post anterior me dijo que le parecía desubicado en el blog, pero me parecía que Merlina se merecía un post para ella. Y aunque para muchos suene como una anécdota machista, para mi nada ejemplifica mejor su personalidad y el impacto que tuvo en mi vida, que la manera en que la conocí.
Merlina fue muy importante ahora que la miro desde el futuro, mucho más de lo que me pareció en ese presente donde estuvimos juntos. Fue gracias a ella que empecé a sentir que algo más que esa espiral descendente era posible, que la vida podía ser algo más que tristeza, borracheras y salidas.
Igualmente esta realización llegaría con los años y el paso del tiempo, en el momento, lo que ocurrió fue bastante distinto.
Entre salidas y borracheras y fiestas y trabajo se me iban yendo los días, primero solo salidas los findes, después agregamos el jueves y cuando quiero acordar, la semana entera es una caravana constante.
Después de un par de meses de vivir así, mi hígado pedía basta, mi cabeza pedía basta y mi cuerpo no daba más.
Hagamos acá un paréntesis bien grande.
Yo soy o al menos creo ser una persona de convicciones fuertes, siempre en mi vida hubo cosas que si y cosas que no. Un gran NO en mi vida siempre fue la cocaína. Siempre me dije que sin importar las razones, jamás, pero jamás de los jamases, iba a consumir.
Cerremos el paréntesis.
Entre noches y noches de caravana y días de trabajo la vida se me iba, y así hubiese sido si no fuera por que como dije antes, soy un tipo de convicciones fuertes. Y cuando mis propias convicciones empiezan a debilitarse, me planteo las razones.
Muchos dicen que es necesario tocar fondo para darse cuenta y poder salir del pozo, yo creo que estaba en el fondo hace rato. Que no fue llegar lo que me hizo reaccionar, sino la verdadera y certera posibilidad de perderme ahí abajo y no poder salir nunca más. Creo que no es el fondo del pozo el que te asusta, sino el momento en el que tenés que decidir si sos un habitante del pozo, o tu vida es eso que quedo afuera.
Para mí, ese momento llego una noche de sábado, o mejor dicho, una mañana de domingo. Venía saliendo desde el miércoles en continuado y ya, para la noche del sábado, contabilizaba si tenía suerte unas 12 horas de sueño en lo que iba de la semana. Me había ido de Flamingo's con alguna chica de turno y la alarma del teléfono me despertó a las 8 AM en alguna cama que no era mía, en alguna casa en algún lugar de La Plata.
A mi lado esta chica de la cual ni recuerdo el nombre, se despertó con el ruido y me pregunto por que tanto quilombo. Le dije que tenía que irme a laburar, que me tocaba abrir el cyber, pero que el cuerpo no me respondía. Me miro y me dijo que me quede durmiendo, me negué. Estuvo en silencio unos 30 segundos y por ahí me dijo, “vení, yo tengo la solución”. Fuimos a la cocina de su casa y saco de un cajón una bolsita con una tiza de cocaína. Preparo en un plato sobre la mesa 2 rayas finitas y perfectamente armadas, separándolas con una cuchilla que tenía a mano.
“Tomá, te pegas un pase y te despertás y tiras todo el día” me dijo.
Yo mire esas rayitas blancas sobre el plato, las mire por lo que me pareció una eternidad pero no deben haber sido mas de 5 segundos. Mi mente iba a mil kilómetros por hora, y en cada uno de mis hombros, un angelito hablaba...
