Primera venida a La Plata. Unos escasos 20 años vividos, y una crisis existencial continuada.
Aún hoy no termino de entender lo que el suicidio de Tomás le provocó a mi vida. Ese jugueteo con la muerte tan temprano, ese tener que preocuparse por otras cosas y saber que la vida no es tan fácil ni tan segura como creemos. Esa sensación de perdida infinita y entender que hay ciertos vacios que nunca van a volver a llenarse.
Así que ahi estaba, tratando de llenar ese vacio con lo que me cruzaba en la vida. Montando una cosa sobre la otra sobre la otra, armando esa pila de sin-sentido solo para tratar de mirar y no ver el hueco que habia quedado. El problema con amontonar cosas sin sentido. Es que eventualmente la torre se cae, y cuando más y más apilamos, más ruido hace al caerse.
Y ahí promediando el fin del primer año de estar en la plata, mi vida se vino en picada.
Ya habia dejado la carrera, y trabaja en un par de cybers (eran unos lugares donde tenias varias computadoras y se alquilaban por hora, para que la gente las use, previo a la masificacion de internet y las computadoras en cada casa o los smartphones) . Mi vida se dividia entre dormir, trabajar algunas horas, jugar MUCHO a los juegos online y fumar (MUCHO). Pelo largo, campera de cuero, algo así como una barba adolescente y un par de collares y pulseras de tachas. De miercoles a domingo, flamingo's (un bar de rock que justo abrieron a una cuadra de donde vivia). Excesos de alcohol y poco sueño. Y un ciclo que se volvía cada vez más de excesos y noche y menos de vida y preocuparme por mi. Era común que vaya a trabajar sin dormir casi. O con unas pocas horas de sueño encima y ni siquiera una ducha para sacarme el olor a alcohol, sexo y cigarrillo de la noche anterior.
Así aguante dos meses creo, quizás tres.
Hasta que una noche, bah, una mañana...
Me desperté en la cama de R. la noche anterior habia sido como otras tantas con ella, loca, llena de alcohol y algo violenta. Me desperté y me di cuenta que no podía levantarme, que entraba a trabajar en una hora y no podía juntar en mi cuerpo suficiente voluntad para salir de esa cama, recorrer las cuadras que me separaban de la parada de micros y sentarme las 8 horas que tenía que sentarme en la silla del cyber.
Se lo dije a R. y me miro un segundo en silencio. Y me dijo que me levante, fuimos a la cocina y me preparó un café. Feo y quemado, pero cualquier cosa era lo mismo, mi cuerpo estaba cansado y mi nivel de exigencia estaba bastante bajo.
R. practicaba boxeo, no era boxeadora, pero su deporte elegido para mantenerse en forma, era boxeo. Eso hacía que su cuerpo sea grande, musculoso, lindo de una manera casi animal. Era una mujer fuerte, casi intimidante. Y tenía una derecha que dolía (así la conocí, recibi un derechazo por error de su parte). Sentado a la mesa con el café enfrente mio y mis ojos apenas abiertos, R. abrio el placard, saco un plato tapado con otro, y enfrente mio los abrio.
El plato era de esos tipo de ceramica, de color anaranjado (ladrillo creo que se llama). Y al sacar la tapa, pude ver adelante mio, dos rayas blancas perfectamente alineadas, separadas una de otra por unos pocos centimetros.
R. agarro un billete, lo enrollo como un tubito, y con un movimiento rapido inhalo una de las rayas de principio a fin.
Despues me miró y me acerco el plato y el rollito. y me dijo "tomá, te vas a despertar. yo me voy a la ducha".
Y así me encontré sentado a la mesa, dormido, con el cafe enfirandose enfrente y un platito, con una sola linea blanca enfrente mio. Y me tentó. por primera vez en mi vida, la merca me tentó. La miré y pensé que era facil, que era solo una vez, unos segundos, que seguro se sentía bien, que me iba a sentir yo bien, que no era tan terrible. Mi mano se movio despacio, agarre el rollito, era un billete de 5$. Lo miré, lo acerque al plato y ensaye mentalmente el movimiento.
Cuando R. salío de la ducha me metí al baño y me lavé la cara. Pasé un rato mirandome al espejo y salí sintiendome bien. Fui a la pieza. Le di un beso grande, sincero. Un beso de gracias y le dije que me tenía que ir. Que me abría solo la puerta.
Salí caminando al trabajo decidido, con una claridad mental que no sentía en mucho mucho tiempo, de repente, todo estaba claro, el camino se había terminado.
Cuando R. volvio a su cocina se encontro una taza de café a medio tomar, y un plato naranja (color ladrillo creo que se llama). En el plato había tirado un billete de 5$ perdiendo su forma de rollito de a poco, y una sola e intacta linea blanca lo cruzaba. Nunca nos volvimos a ver.
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lunes, 12 de octubre de 2015
miércoles, 2 de febrero de 2011
Paint It Black (II)
El mundo se rige por varias fuerzas, algunas opuestas y encontradas, otras similares, algunas contradictorias y otras casi sin importancia en la vida cotidiana pero sin las cuales seria imposible pensar en la vida tal cual la conocemos.
Una de estas fuerzas creo que es la confianza. Suena endeble y casi irrelevante la palabra en si misma, pero si miramos un poco detrás de esto, podemos encontrar que realmente el mundo se rige por la confianza, que es necesaria para su funcionamiento y que eventualmente sentimientos o situaciones que creemos desconectadas o totalmente alejadas de ella son resultantes de la confianza (o la ausencia de ella).
Si confiamos en nosotros eso nos da seguridad, si confiamos en los otros, nos provee de un entorno en el que apoyarnos (y no nos olvidemos que a pesar del facebook y las computadoras y los celulares y la vida conectada y deshumanizada, hoy más que nunca, el hombre ES un animal social). Confiar demasiado en los otros nos puede lastimar, no hacerlo suficiente también. Confiar en la bondad del mundo nos permite reafirmar nuestro lugar en este, nos quita los miedos, nos brinda una razón para seguir adelante sin importar las situaciones que afrontemos o que tan gris parezca que es todo. A veces esa confianza (o la ausencia de la misma) nos pone en situaciones difíciles, pero es esa misma confianza la que hace que sigamos adelante (por que "confiamos" que todo va a salir bien).
Me arriesgo a decir que con lo de Tomás me encontré en la que puede haber sido una de las decisiones mas difíciles de mi vida. Es difícil confiar en el mundo cuando uno es adolescente, y muchísimo más hacerlo si encima de todo eso, tu primo se vuela la cabeza en el patio de su casa. Pero es en esas situaciones cuando creo que realmente se ve la grandeza (y las bajezas) humanas, la situación por bizarra y trágica que haya sido, en vez de debilitar mi confianza en el mundo, la fortaleció. Y cuando yo estuve seguro del mundo, estuve seguro de mi mismo y de mi lugar en el mundo. Por primera vez en mi vida deje de "adolecer" para empezar a sufrir, a alegrarme, a teñir las experiencias ya no de grises sino de blancos, negros, amarillos, rojos y azules.
Cuando digo que dos angelitos se apoyaron en mis hombros, hablo casi literalmente. Fue uno de esos momentos que definen el carácter, que definen nuestras vidas. Una vocecita me decía que confié, que todo iba a estar bien, que no precisaba ni de eso ni de ninguna otra cosa para poder hacer mi vida, que las cosas iban a estar bien sin importar que pasara. Otra, sencillamente me preguntaba si yo estaba tan seguro que las cosas eran así, si realmente la vida era tan linda y fácil, si podía decir con toda seguridad que las cosas iban a estar bien. Era yo mismo del otro lado del espejo, era un reflejo donde todas las cosas estaban del otro lado, pero como en todo espejo, no es más que un reflejo de la realidad, invertido, deformado en algunos casos, pero no deja de ser la realidad.
Esos 5 segundos fueron un año, en esa decisión aprendí más de mí, de mis fortalezas y de mis debilidades de lo que me hubiese gustado saber.
Mi respuesta finalmente fue un "no gracias". Rotundo, seco... terminante. Salí de su casa puteando mi suerte y me fui a trabajar con más ganas de dormir que de vivir y el día, incidente más, incidente menos, estuvo BIEN.
Una de estas fuerzas creo que es la confianza. Suena endeble y casi irrelevante la palabra en si misma, pero si miramos un poco detrás de esto, podemos encontrar que realmente el mundo se rige por la confianza, que es necesaria para su funcionamiento y que eventualmente sentimientos o situaciones que creemos desconectadas o totalmente alejadas de ella son resultantes de la confianza (o la ausencia de ella).
Si confiamos en nosotros eso nos da seguridad, si confiamos en los otros, nos provee de un entorno en el que apoyarnos (y no nos olvidemos que a pesar del facebook y las computadoras y los celulares y la vida conectada y deshumanizada, hoy más que nunca, el hombre ES un animal social). Confiar demasiado en los otros nos puede lastimar, no hacerlo suficiente también. Confiar en la bondad del mundo nos permite reafirmar nuestro lugar en este, nos quita los miedos, nos brinda una razón para seguir adelante sin importar las situaciones que afrontemos o que tan gris parezca que es todo. A veces esa confianza (o la ausencia de la misma) nos pone en situaciones difíciles, pero es esa misma confianza la que hace que sigamos adelante (por que "confiamos" que todo va a salir bien).
Me arriesgo a decir que con lo de Tomás me encontré en la que puede haber sido una de las decisiones mas difíciles de mi vida. Es difícil confiar en el mundo cuando uno es adolescente, y muchísimo más hacerlo si encima de todo eso, tu primo se vuela la cabeza en el patio de su casa. Pero es en esas situaciones cuando creo que realmente se ve la grandeza (y las bajezas) humanas, la situación por bizarra y trágica que haya sido, en vez de debilitar mi confianza en el mundo, la fortaleció. Y cuando yo estuve seguro del mundo, estuve seguro de mi mismo y de mi lugar en el mundo. Por primera vez en mi vida deje de "adolecer" para empezar a sufrir, a alegrarme, a teñir las experiencias ya no de grises sino de blancos, negros, amarillos, rojos y azules.
Cuando digo que dos angelitos se apoyaron en mis hombros, hablo casi literalmente. Fue uno de esos momentos que definen el carácter, que definen nuestras vidas. Una vocecita me decía que confié, que todo iba a estar bien, que no precisaba ni de eso ni de ninguna otra cosa para poder hacer mi vida, que las cosas iban a estar bien sin importar que pasara. Otra, sencillamente me preguntaba si yo estaba tan seguro que las cosas eran así, si realmente la vida era tan linda y fácil, si podía decir con toda seguridad que las cosas iban a estar bien. Era yo mismo del otro lado del espejo, era un reflejo donde todas las cosas estaban del otro lado, pero como en todo espejo, no es más que un reflejo de la realidad, invertido, deformado en algunos casos, pero no deja de ser la realidad.
Esos 5 segundos fueron un año, en esa decisión aprendí más de mí, de mis fortalezas y de mis debilidades de lo que me hubiese gustado saber.
Mi respuesta finalmente fue un "no gracias". Rotundo, seco... terminante. Salí de su casa puteando mi suerte y me fui a trabajar con más ganas de dormir que de vivir y el día, incidente más, incidente menos, estuvo BIEN.
lunes, 3 de enero de 2011
Paint It Black (I)
Creo que en nuestras vidas tenemos momentos buenos y malos, felices y tristes, algunos que recordamos con alegría y otros que quisiéramos olvidar.
Hay también unos pocos, aquellos que recordamos con profunda tristeza, pero que no queremos olvidar. Son esos pequeños pedazos, realmente oscuros en nuestra vida, pero que tienen en el recuerdo una pequeña belleza. Recordarlos deprime, hacen que cada vez que pensás en ellos, vuelva esa sensación fea. Pero que marcan un antes y un después, son momentos de una tristeza de tal magnitud que nos marcan para saber que nunca más queremos volver a sentirla...
Para cuando nos dijimos adiós con Merlina, yo ya había dejado la carrera en la facultad y mi tiempo se dividía entre un par de trabajos, boludeo en casa y muchas muchas salidas. Mi vida era triste y oscura, y yo, poco a poco, me estaba empezando a volver de esa misma manera. Aislado del mundo, fumaba sin parar y apenas comía, me pasaba las horas enfrente de la computadora y cuando menos relaciones tenia que tener con gente "real", mejor para mi. Los pocos amigos que tenia los había alejado y con quien no me había peleado, los esquivaba sistemáticamente.
Ese primer año, ni siquiera quería ir a Tres Arroyos a ver a mi familia. Estaba atrapado en mi propia vida, cayendo cada vez mas profundo y sin la mas mínima intención de pelear por cambiarlo.
Cuando una amiga leyó el post anterior me dijo que le parecía desubicado en el blog, pero me parecía que Merlina se merecía un post para ella. Y aunque para muchos suene como una anécdota machista, para mi nada ejemplifica mejor su personalidad y el impacto que tuvo en mi vida, que la manera en que la conocí.
Merlina fue muy importante ahora que la miro desde el futuro, mucho más de lo que me pareció en ese presente donde estuvimos juntos. Fue gracias a ella que empecé a sentir que algo más que esa espiral descendente era posible, que la vida podía ser algo más que tristeza, borracheras y salidas.
Igualmente esta realización llegaría con los años y el paso del tiempo, en el momento, lo que ocurrió fue bastante distinto.
Entre salidas y borracheras y fiestas y trabajo se me iban yendo los días, primero solo salidas los findes, después agregamos el jueves y cuando quiero acordar, la semana entera es una caravana constante.
Después de un par de meses de vivir así, mi hígado pedía basta, mi cabeza pedía basta y mi cuerpo no daba más.
Hagamos acá un paréntesis bien grande.
Yo soy o al menos creo ser una persona de convicciones fuertes, siempre en mi vida hubo cosas que si y cosas que no. Un gran NO en mi vida siempre fue la cocaína. Siempre me dije que sin importar las razones, jamás, pero jamás de los jamases, iba a consumir.
Cerremos el paréntesis.
Entre noches y noches de caravana y días de trabajo la vida se me iba, y así hubiese sido si no fuera por que como dije antes, soy un tipo de convicciones fuertes. Y cuando mis propias convicciones empiezan a debilitarse, me planteo las razones.
Muchos dicen que es necesario tocar fondo para darse cuenta y poder salir del pozo, yo creo que estaba en el fondo hace rato. Que no fue llegar lo que me hizo reaccionar, sino la verdadera y certera posibilidad de perderme ahí abajo y no poder salir nunca más. Creo que no es el fondo del pozo el que te asusta, sino el momento en el que tenés que decidir si sos un habitante del pozo, o tu vida es eso que quedo afuera.
Para mí, ese momento llego una noche de sábado, o mejor dicho, una mañana de domingo. Venía saliendo desde el miércoles en continuado y ya, para la noche del sábado, contabilizaba si tenía suerte unas 12 horas de sueño en lo que iba de la semana. Me había ido de Flamingo's con alguna chica de turno y la alarma del teléfono me despertó a las 8 AM en alguna cama que no era mía, en alguna casa en algún lugar de La Plata.
A mi lado esta chica de la cual ni recuerdo el nombre, se despertó con el ruido y me pregunto por que tanto quilombo. Le dije que tenía que irme a laburar, que me tocaba abrir el cyber, pero que el cuerpo no me respondía. Me miro y me dijo que me quede durmiendo, me negué. Estuvo en silencio unos 30 segundos y por ahí me dijo, “vení, yo tengo la solución”. Fuimos a la cocina de su casa y saco de un cajón una bolsita con una tiza de cocaína. Preparo en un plato sobre la mesa 2 rayas finitas y perfectamente armadas, separándolas con una cuchilla que tenía a mano.
“Tomá, te pegas un pase y te despertás y tiras todo el día” me dijo.
Yo mire esas rayitas blancas sobre el plato, las mire por lo que me pareció una eternidad pero no deben haber sido mas de 5 segundos. Mi mente iba a mil kilómetros por hora, y en cada uno de mis hombros, un angelito hablaba...
Hay también unos pocos, aquellos que recordamos con profunda tristeza, pero que no queremos olvidar. Son esos pequeños pedazos, realmente oscuros en nuestra vida, pero que tienen en el recuerdo una pequeña belleza. Recordarlos deprime, hacen que cada vez que pensás en ellos, vuelva esa sensación fea. Pero que marcan un antes y un después, son momentos de una tristeza de tal magnitud que nos marcan para saber que nunca más queremos volver a sentirla...
Para cuando nos dijimos adiós con Merlina, yo ya había dejado la carrera en la facultad y mi tiempo se dividía entre un par de trabajos, boludeo en casa y muchas muchas salidas. Mi vida era triste y oscura, y yo, poco a poco, me estaba empezando a volver de esa misma manera. Aislado del mundo, fumaba sin parar y apenas comía, me pasaba las horas enfrente de la computadora y cuando menos relaciones tenia que tener con gente "real", mejor para mi. Los pocos amigos que tenia los había alejado y con quien no me había peleado, los esquivaba sistemáticamente.
Ese primer año, ni siquiera quería ir a Tres Arroyos a ver a mi familia. Estaba atrapado en mi propia vida, cayendo cada vez mas profundo y sin la mas mínima intención de pelear por cambiarlo.
Cuando una amiga leyó el post anterior me dijo que le parecía desubicado en el blog, pero me parecía que Merlina se merecía un post para ella. Y aunque para muchos suene como una anécdota machista, para mi nada ejemplifica mejor su personalidad y el impacto que tuvo en mi vida, que la manera en que la conocí.
Merlina fue muy importante ahora que la miro desde el futuro, mucho más de lo que me pareció en ese presente donde estuvimos juntos. Fue gracias a ella que empecé a sentir que algo más que esa espiral descendente era posible, que la vida podía ser algo más que tristeza, borracheras y salidas.
Igualmente esta realización llegaría con los años y el paso del tiempo, en el momento, lo que ocurrió fue bastante distinto.
Entre salidas y borracheras y fiestas y trabajo se me iban yendo los días, primero solo salidas los findes, después agregamos el jueves y cuando quiero acordar, la semana entera es una caravana constante.
Después de un par de meses de vivir así, mi hígado pedía basta, mi cabeza pedía basta y mi cuerpo no daba más.
Hagamos acá un paréntesis bien grande.
Yo soy o al menos creo ser una persona de convicciones fuertes, siempre en mi vida hubo cosas que si y cosas que no. Un gran NO en mi vida siempre fue la cocaína. Siempre me dije que sin importar las razones, jamás, pero jamás de los jamases, iba a consumir.
Cerremos el paréntesis.
Entre noches y noches de caravana y días de trabajo la vida se me iba, y así hubiese sido si no fuera por que como dije antes, soy un tipo de convicciones fuertes. Y cuando mis propias convicciones empiezan a debilitarse, me planteo las razones.
Muchos dicen que es necesario tocar fondo para darse cuenta y poder salir del pozo, yo creo que estaba en el fondo hace rato. Que no fue llegar lo que me hizo reaccionar, sino la verdadera y certera posibilidad de perderme ahí abajo y no poder salir nunca más. Creo que no es el fondo del pozo el que te asusta, sino el momento en el que tenés que decidir si sos un habitante del pozo, o tu vida es eso que quedo afuera.
Para mí, ese momento llego una noche de sábado, o mejor dicho, una mañana de domingo. Venía saliendo desde el miércoles en continuado y ya, para la noche del sábado, contabilizaba si tenía suerte unas 12 horas de sueño en lo que iba de la semana. Me había ido de Flamingo's con alguna chica de turno y la alarma del teléfono me despertó a las 8 AM en alguna cama que no era mía, en alguna casa en algún lugar de La Plata.
A mi lado esta chica de la cual ni recuerdo el nombre, se despertó con el ruido y me pregunto por que tanto quilombo. Le dije que tenía que irme a laburar, que me tocaba abrir el cyber, pero que el cuerpo no me respondía. Me miro y me dijo que me quede durmiendo, me negué. Estuvo en silencio unos 30 segundos y por ahí me dijo, “vení, yo tengo la solución”. Fuimos a la cocina de su casa y saco de un cajón una bolsita con una tiza de cocaína. Preparo en un plato sobre la mesa 2 rayas finitas y perfectamente armadas, separándolas con una cuchilla que tenía a mano.
“Tomá, te pegas un pase y te despertás y tiras todo el día” me dijo.
Yo mire esas rayitas blancas sobre el plato, las mire por lo que me pareció una eternidad pero no deben haber sido mas de 5 segundos. Mi mente iba a mil kilómetros por hora, y en cada uno de mis hombros, un angelito hablaba...
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